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Un euro por tus pensamientos

Publicado en Dermactual 2011; Número 17. (Marzo):17.

Sofía Hombrebueno González-Guerra

Leer en el interior del ser humano, conocer sus más íntimos secretos es una de las fantasías que casi todos hemos tenido alguna vez. Si las respuestas a preguntas cómo “¿de verdad me quieres?”, “¿qué tema pondrá en el examen?” “¿cual es el ingrediente oculto de la sopa?”, pudieran conocerse leyendo los pensamientos del amado, del profesor o del cocinero, el mundo sería otro.

Pero tal vez, no sería un mundo mejor. Yo sospecho que poseer una capacidad extraordinaria para la que no estamos diseñados puede tener consecuencias imprevisibles.

Sin ir más lejos, cuando ya nos congratulábamos del avanzado desarrollo de las células pluripotenciales inducidas (IPS) reprogramadas a partir de la piel y el pelo, descubrimos que el experimento se detiene porque estas células que queremos volver niñas, no pueden olvidar que una vez fueron adultas y específicas.

Pero no soy la primera en mi creencia. También lo juzgó así Ramón y Cajal en su novela El pesimista corregido, en la qué el barbudo genio de la ciencia convierte en microscopios los ojos del médico misántropo, ansioso por superar las limitaciones inherentes al hombre. Sin embargo, Juan Fernández pasa del júbilo al horror, cuando es deslumbrado por la cloaca azul del cielo, la ciénaga del chocolate caliente, y las hediondas aberturas de las glándulas del cutis, antes de porcelana, de su enamorada. Sumergido en el hielo de la desilusión, recupera la confianza cuando el plazo de un año, límite de la merced otorgada, se cumple.

¡Y qué decir de las manos del rey Midas, que convertían en oro todo lo que tocaba! Hasta su amada hija Caléndula se transformó en una estatua dorada. Y otra vez, el arrepentimiento por haber querido poseer lo portentoso.

Dorian Gray pidió la eterna belleza y juventud. Durante años su retrato, oculto en un lugar secreto, envejeció mientras él cubría de vicios y perversidades su cuerpo inalterado. Pero finalmente, pesaroso de su deseo, acuchilla el lienzo que vuelve a representar al Dorian original, mientras él muere lleno de arrugas.

Mel Gibson sonríe en su papel del publicista que un día comprueba que puede saber Lo que piensan las mujeres. Pero el embeleso se transforma en desencanto, cuando sabe que ellas no le consideran tan guapo ni tan buen amante como suponía. Rota la autoestima, sólo aspira a perder la cualidad que satisface su curiosidad, pero no su ego.

Son tantos los ejemplos, que definitivamente, he llegado al convencimiento de que debemos conformarnos con ser lo que somos, cada día mejores, si es posible, pero sin saltar de dos en dos los escalones de la naturaleza.

Aún así, alguien habrá todavía que dé un euro por lo que ahora estoy pensando. Entrar en otro cerebro, tan solo un rato, parece realmente inofensivo.

¿No es así?

Pues entonces, primero el euro, y luego hablamos.

Es de justicia.

¿No creen?

Pues eso.


Puntadas con hilo
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