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Cronos desfila. Kairós danza

Aurora Guerra - Cronos desfila. Kairós danza
Hablar de la repercusión de la aparición de las arrugas en el ser humano puede parecer una frivolidad. Sin embargo, lo que pensamos acerca de nosotros mismos depende tanto de como nos percibimos por dentro (nuestras virtudes, fortalezas, defectos, debilidades...) como de cómo creemos que nos perciben los demás. Si el entorno nos confirma o refuta, apoya o socava nuestra autoimagen. Y ahí es donde entra la piel. Por la piel percibimos al mundo y ofrecemos al mundo información de nuestro yo: nos ven, nos tocan, nos huelen, nos saborean. Por eso, cuando aparecen las primeras arrugas la percepción que tenemos de nosotros mismos evoluciona, cambia la imagen de nuestra propia identidad de la que nuestro aspecto físico es una parte importante.
Las arrugas sorprenden al ser humano cuando es adulto, cuando acaba de consolidar su posición en el mundo, cuando su desarrollo personal y social está en su mejor momento, en pleno esplendor, en la madurez.
Pero ser adulto o ser maduro no es lo mismo. La adultez señala el fin de la adolescencia, el mayor punto de crecimiento, y de forma figurada, de mayor perfección. Ser maduro conjuga, en un tiempo variable de unas personas a otras, un alto nivel funcional y vital ("No cambiaba en la sensatez, ni en su aspecto físico ni en su conducta, pero se la veía madurar" escribía Rosa Chacel). La una, la adultez, es longitud, la otra, la madurez, es profundidad.
La madurez, no está precisamente de moda. Hemos tergiversado su significado y reservado el término como mero eufemismo de la caducidad. Incluso hemos inventado la expresión "adulto joven" para prolongar un poco más nuestra identificación con esa época de la vida en la que todo parece más emocionante y a la vez más liviano. Lo que interesa es conseguir una apariencia que haga pensar en pactos faustianos: una piel libre de imposturas y artificios, pero sin arrugas, una piel joven. Piel como aquella del Camborio envidiada por sus cuatro primos Heredia, que García Lorca refiere en su poema "Voces de muerte sonaron cerca del Guadalquivir":
...Este cutis amasado con aceituna y jazmín...
Y contra ese deseo está el tiempo.
Pero hay un tiempo cronológico, cuantitativo o Cronos, que el lineal y secuencial, en el que cada segundo vale lo mismo que el siguiente o el anterior. Es un tiempo gobernado por el reloj. Y hay una vivencia de la calidad del tiempo, Kairós, medido por lo que aporta dicho tiempo con un valor existencial otorgado individualmente. Cronos desfila. Kairós danza. A Cronos nada lo inmuta ni lo perturba, nada hace variar su curso. Dedicar demasiada energía a combatirlo es una fútil y vana tarea que tiene garantizada la derrota. Sin embargo, nada más inteligente que aliarse con lo inevitable. Aliarse no es ceder, no es abandonarse. Aliarse con Cronos, es aprovecharlo y disfrutarlo. Es convertirlo en Kairós.
Se trata de adaptar inteligentemente las expectativas a las necesidades y posibilidades reales de cada persona. Es desafortunado, el cuidado que impone unas metas imposibles, que compara permanentemente la realidad con una quimera, que se acompaña de un callado reproche a la vida.
Se trata de aprovechar también las otras arrugas, las que a nuestro lado van marcando el camino. Se trata de aprovechar al máximo todas las oportunidades, y no conformarse con un solo plato de la mesa llena de los exquisitos manjares de la madurez. Se trata de mantener el interés, propiciar buenas relaciones, regalarse buenos momentos, jugar en todas las bazas.
Y dicen que quien hace el camino adecuado, goza del viaje, transmite sabiduría, y es amado.

Puntadas con hilo
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