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Atención Farmacéutica en acné

DL. B-36.588-2011. ISDIN 2011

Atención Farmacéutica en acné

La práctica farmacéutica

La sociedad actual se caracteriza por su creciente preocupación por alcanzar el bienestar y aumentar su calidad de vida. Este hecho, sumado a la gran disponibilidad de información de fácil y rápido acceso, lleva a una población más informada y formada en todos los aspectos relacionados con la salud. Por ello, debido a su alta efectividad, disponibilidad y coste, la farmacoterapia se convierte en la alter- nativa terapéutica más utilizada. Sin embargo, ésta no está exenta de problemas; la morbimortalidad relacionada con el uso de los medicamentos tiene tal prevalencia que se puede considerar un importante problema de salud pública, como así lo demuestran numerosos estudios. En torno a uno de cada tres pacientes que acude al servicio de urgencias lo hace por un resultado negativo asociado a la medicación (RNM)1.

Ocho de cada diez visitas a los servicios de urgencias causadas por estos RNM podrían haberse evitado, realizando un adecuado seguimiento farmacoterapéutico del paciente. Por ello, la medicación se sitúa a la cabeza de los factores que suponen un riesgo para la población, que deben ser minimizados con la aplicación de adecuadas estrategias de gestión de riesgos.

El reto actual del farmacéutico2-5 consiste en satisfacer las nuevas necesidades de los pacientes en consonancia con los requerimientos del Sistema Sanitario, que cada vez precisa atender a un número más elevado de pacientes. Es necesario aprovechar el potencial que proporcionan los farmacéuticos para la mejora de la asistencia sanitaria.

En este marco, con el fin de satisfacer las necesidades de la sociedad con respecto a la medicación, entre otras, nace una nueva filosofía de práctica profesional: la Atención Farmacéutica (AF).

En 2001 se publica en España el primer documento de consenso sobre AF por parte del Ministerio de Sanidad y Con- sumo11. Este consenso, agrupa las actividades y servicios que se realizan en la farmacia en dos grandes áreas: aquellas actividades orientadas al producto (el medicamento y/o productos sanitarios) y aquellas orientadas al paciente, definiendo estas últimas como actividades de AF.

En febrero de 2004, la Organización Farmacéutica Colegial impulsó la formación de un grupo de debate constructivo formado por representantes de distintas instituciones de todos los ámbitos de interés relacionados con AF, con el compromiso de implicación en el proyecto, que pasó a denominarse Foro de Atención Farmacéutica (Foro AF)12. Este documento refleja las recomendaciones sobre cinco áreas de trabajo en las que es necesario profundizar para avanzar en la implementación generalizada de la AF. Pretende ser un instrumento para facilitar el trabajo en AF, conforme a la evidencia científica y la normativa actual, adaptando la práctica del día a día a cada paciente como eje fundamental de la asistencia sanitaria.

Como fruto de un proceso evolutivo, la farmacia apuesta por la AF como papel profesional para el futuro7. El fin de la AF es satisfacer las necesidades de los pacientes en relación con los medicamentos, ofreciendo al farmacéutico una filosofía de trabajo centrada en el paciente y orientada hacia la identificación, resolución y prevención de los RNM. A modo de resumen, se puede afirmar que las actividades y servicios orientados al paciente constituyen la AF, destacando dentro de ésta los tres servicios fundamentales, que son: la dispensación, la indicación farmacéutica y el seguimiento farmacoterapéutico.

La práctica de AF, de acuerdo con el Documento de Consenso del Ministerio de Sanidad y Consumo (2001) con el que Foro AF inició su trabajo, se basa en la implantación de tres servicios básicos:

La dispensación, supone una actitud activa del farmacéutico en la provisión de medicamentos. Este servicio esencial del ejercicio profesional del farmacéutico, permite garantizar el acceso de la población a los medicamentos, ofrecer información suficiente para que los pacientes conozcan la correcta utilización de los mismos, así como evitar y corregir algunos problemas relacionados con los medicamentos. La indicación farmacéutica, implica la ayuda al paciente en la correcta toma de decisiones para el autocuidado de su salud. El seguimiento farmacoterapéutico, mediante el cual el farmacéutico se responsabiliza del resultado del tratamiento farmacológico que recibe el paciente. Como se ha dicho, la morbimortalidad relacionada con el uso de medicamentos supone un importante problema de salud pública que puede reducirse con la prestación del servicio de seguimiento farmacoterapéutico.

El desarrollo de un proceso metodológico estandarizado, de criterios consensuados de derivación, y de guías farmacoterapéuticas, son herramientas muy útiles para el correcto abordaje de patologías frecuentes en la farmacia comunitaria.

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